
Una vez más, este país oriental se erige en superpotencia. En lugar de ceder bajo el peso de sus ampliamente divulgadas calamidades políticas y económicas, su influencia cultural global ha ido creciendo paulatinamente. De la música pop a los aparatos electrónicos de consumo general, de la arquitectura a la moda, y de los dibujos animados a la cocina, Japón parece actualmente más un polo cultural que en los años ochentas, cuando era una maravilla económica. Sin embargo ¿puede acaso esta nación contar con su dominio de los medios para proyectar un mensaje nacional igualmente poderoso?