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El Imperio de los sueños

Por Marco Antonio Rodríguez - -

El arte de Pedro Herrera Ordóñez se resuelve desatando su imaginación del modo más intenso para apelar al subconsciente del espectador, recurso surrealista asumido por todo artista que se pretende libertario. Imágenes oníricas las suyas –un elemento nos sugiere otro con el cual aparentemente no guarda ninguna relación–, idénticas a lo que ocurre en el mundo de los sueños.

¡Fuera los silogismos, los corolarios, las causas y los efectos, las demostraciones matemáticas...! Pedro Herrera Ordóñez nos abre entonces las puertas de los sueños. ¿Para qué...?: para abrirnos paso con él al automatismo, para ver con él al mundo tal cual es, para hacernos sentir hombres y mujeres desencadenados, liberados, atreviéndonos a tomar conciencia de nuestros deseos y, sobre todo, a realizarlos. ¡Basta de oscuridad...!, proclama el ojo de Pedro Herrera –mago y milagrero– conminándonos a cohabitar con su universo soñado: desiertos, mares, nubes, llaves y candados cargados de secretos insondables, relojes escapados del tiempo, mujeres grávidas de misterio yéndose con el viento, simplemente yéndose con el viento..., mientras en nuestras retinas sólo queda la luz –ángel, demonio y carne– como esa pátina dorada que dejan en nuestros pulpejos las mariposas o las flores que han sido atrapadas por el azar. (Es de verle a Pedro –araña urdiendo el cautiverio de su presa– cómo zarandea por las paredes de su laboratorio, de qué modo corre por sus tumbados, se escurre por sus esquinas, entra y sale agitado, convulso, cargado de sus cámaras fotográficas, anhelante, musitando frases apocalípticas, hasta dar con la imagen deseada, aquella que va a levantarnos los lebreles del alma, pero que no es nada más que sólo la primera de un mundo que cada día empieza y que nunca termina...).

Los soñadores empedernidos –y este es el caso de Pedro– lo saben, estas imágenes, racionalmente inconexas, guardan alguna extraña pero exacta relación en la fibra íntima de nuestro subconsciente y, por lo tanto, de nuestra vida. Y esa revelación la perciben –acto de encantamiento y de ardoroso amor– como una fuerza que se siente y no se razona (¿no es mejor el delirio a ese templo inerte de la razón en el tiempo del vacío que vivimos...?). Sin embargo, Pedro parte de la fotografía mental –loco veleta como él solo, relata a sus amigos que mantiene imágenes en el archivo de su memoria desde que soñaba en el útero de su madre, y que de esa cantera inagotable, va dilapidando día a día sus tesoros–. La bella y honda expresividad de la fotografía de Pedro, así como su simbología, fluyen de su libertad sin fronteras. Él no teme a su inconsciente, ni siquiera a los desafueros que éste pueda generar. ¡Allí está, quizás, el prodigio de su arte...!

A partir de la fotografía, nada quedará cautivo y fijo sin su excepcional memoria, ni la paz ni la guerra, ni la bonanza ni la miseria, ni la alegría ni la tristeza, ni la soledad ni las multitudes, ni la belleza de la juventud, ni la erosión implacable de la vejez, ni el amor ni los cuerpos –tan caros para Pedro Herrera Ordóñez, uno de los artistas fotógrafos ecuatorianos más significativos de nuestro tiempo.

Sobre Chiqui Naranjo

Con la Chiqui Naranjo ( Guayaquil, 1975 ) habíamos pactado por teléfono hacer la entrevista en una cafetería de Urdesa. No nos conocíamos. Así que, esa mañana, yo bebía café y esperaba a una persona de baja estatura, pero quien llegó era más bien alta. Entonces, María Teresa Naranjo contestó la pregunta que todos le hacen. “Eso, desde recién nacida. Mi mami me lo puso, la empleada lo repitió y después todos me llamaban así. A mi familia no le gusta que haya eliminado el nombre, pero con el de Chiqui me siento más cómoda”.

Salvada la curiosidad y auxiliados por la luz que ilumina su carpeta, aprecio fotos de desnudos en blanco y negro. Imágenes de modelos que visten ropa de marca en extrañas locaciones. También algunas experimentaciones de revelado e impresiones sobre papel hecho a mano. 

Cuando estudiaba diseño industrial y gráfico en Guayaquil, tomó sus primeras clases de fotografía. Armada con una Minolta de lente normal afrontó una tarea académica. “En el primer trabajo había que fotografiar unas sillas; con algo de creatividad, comencé a colgar las sillas en árboles y me gustó”. Luego pasó al Savannah College of Art and Design Bachelor of Fine Arts.

Mientras saborea un chocolate caliente, afirma que la fotografía es una carrera de estudios exigentes. No olvida que quien encaminó su vida en la fotografía fue el profesor Tom Fischer. Cuando le dio clases de Retratos explicaba que no era necesario que en la foto aparezca la cara del personaje, porque se puede lograr un retrato con sus objetos. A ella le gustó ese concepto y como siempre le habían llamado la atención los desnudos, incursionó en ellos.

Todo el año 1997 lo dedico a fotografiar a sus compañeros, que por ser estudiantes de una universidad de Artes, se prestaban, hombres y mujeres, a convertirse en modelos. Después de disparar y revelar cientos de metros de película, descubrió lo que quería. “Me di cuenta que me gustaban los desnudos en los que no aparecían las caras, solo las formas”.

Entonces empezó a jugar con sombras y luces, hasta olvidar que fotografiaba cuerpos. “En ciertas fotos los cuerpos parecían paisajes, más que todo los de mujeres, que tienen más formas geométricas con qué jugar. Ahí fue cuando salió el título de Paisajes Intimos”. Los desnudos fueron expuestos en 1998 en la Galerie Lumiere de Savannah. Y en Guayaquil, bajo el título de Paisajes íntimos, en el Salón Cultural Oro Verde en 2001. 

PASÁNDOLE REVISTA A LA MODA

En la actualidad se desempeña como fotógrafa freelance en revistas como Hogar, Vistazo, Cosas, Somos y otras. Dice que realiza todo tipo de producciones y que, si bien fotografiar productos es algo creativo, más le atrae la fotografía de moda porque le gusta compartir con personas. Cuando trabaja para las revistas, como casi siempre los presupuestos son escasos, todo el equipo de producción es ella y las modelos.

Prefiere los paisajes y los elementos de las locaciones exteriores a realizar tomas en el estudio. “No soy de las que se demora horas y horas en hacer fotos porque me canso y dejo de funcionar bien. Y a las modelos, después de 8 horas, nunca les voy a sacar una buena cara porque lo que quieren es irse a su casa”. Una vez tomadas las fotos, con una mezcla de angustia y emoción, disfruta de la espera del revelado. Se considera muy exigente consigo misma, pero no siempre depende de ella pues, aunque entrega buenas fotos, el diseño o la impresión pueden ser un desastre. “En muchas ocasiones es frustrante, pero a mí me encanta ver mis fotos publicadas”, aclara con cierta vanidad.

En el ámbito periodístico, cree que no podría fotografiar a una persona herida y que necesitaría ayuda porque dejaría botada la cámara y llamaría a una ambulancia.

Como casi todos los fotógrafos, se siente incomodísima frente a la cámara de otro, aunque sí disfruta de los autor retratos.

Le gustan las cosas hechas a mano. Recuerda que en la universidad se utilizaba la computadora para escanear fotos y arreglarlas. Y eso no la atraía. Pero la tecnología avanza y está a punto de comprar su primera cámara digital. “Voy a comenzar con la fotografía digital, pero –eso sí– no me llaman la atención las alteraciones, salvo los retoques mínimos”, aclara.

Hace un par de años, con su hermana Andrea –quien también estudió fotografía– visitaron Francia, y en el pueblito de Arlés asistieron a un festival de fotografía en el que toda la localidad estaba comprometida: cafeterías, restaurantes, galerías y hasta las iglesias abrían sus portones para mostrar las fotos.

Como en nuestro medio los fotógrafos son más conocidos por las imágenes que publican en revistas y periódicos, que por exposiciones artísticas, el año anterior fundó Fotofusión producciones y organizó el primer festival Fotosí, en el que participaron fotógrafos de Guayaquil. Este año, el festival será en octubre y la convocatoria a nivel nacional. Su sueño es que algún día el evento sea internacional y promueva a los nuevos talentos. Mientras, es posible que, junto a su hermana, uno de estos días expongan porque la Chiqui Naranjo tiene algunas imágenes bajo la manga.

 

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