
Antes de ir a la Galería dpm Arte Contemporáneo, bebo un café bien cargado, así que cuando llego a la cita con Jorge Velarde ( Guayaquil, 1960 ) tengo la mirada más encendida que un par de faros en intensa. Pero Velarde, a simple vista, es el mismo de siempre. Me parece estarlo viendo, un montón de años atrás, cuando administraba la cafetería de la Casa de la Cultura; nosotros, lanzados al mar de la bohemia: poesía, cervezas y amoríos, mientras él era un San Jorge que atormentaba con su fuego creador al dragón. Lo podría definir como un ser auténtico y de pocas palabras, también de pocos pelos porque su cabellera, entre rubia y rojiza, está cortada casi al rape y, sobre sus labios, luce un bigote que más parece una brocha de cerdas rebeldes.